Sunday, October 23, 2005

La voz de los viejos advirtió un desastre

Incienso, copal y oraciones han servido a los sacerdotes mayas y a los ancianos tz’utujiles para “atar” a los volcanes de San Lucas, San Pedro y Atitlán para que ya no provoquen más desgracias.

“Cuando los cerros gritan y lloran, viene un peligro grande. ¡Prepárense!”, advirtieron los ancianos de San Juan La Laguna a varios vecinos de la comunidad, cuando notaron que la lluvia no cesaba después de dos días. La madrugada del miércoles 5 de octubre, las autoridades hicieron caso a las predicciones y empezaron a evacuar a las familias de las colonias Sanjuanerita y Xekiakasiwan.

“Los ancianos no se cansaban de repetir que ésta era una zona peligrosa en la que ocurren derrumbes y que la corriente del río Seco, que pasa cerca, podría crecer, pero nadie escuchó”, reconoce el alcalde Flavio José Yojcom, mientras camina por la Sanjuanerita, cuyas calles hoy parecen las de un pueblo fantasma.

Nuestra generación confía mucho más en los académicos. ‘Esta es una zona cafetalera’, decían ellos. Las raíces de los cafetos sostendrán todo, pero no fue así”, agrega como si hablara consigo mismo.

Castigo divino

“Fue un castigo del cielo por sus malos actos y por su desobediencia”, asegura Pedro Mendoza Ixtanej. Sentada a su lado, Concepción Bizarro, su esposa, coincide: “Aquí, muchos jóvenes se suicidan y eso es un pecado mortal. ¡El cielo se cansó!”.

La pareja, que forma parte del Consejo de los Principales del Pueblo –el grupo de 80 ancianos que semanalmente discuten los principales problemas de la comunidad– cree que este castigo era inevitable. Ellos piensan que, si las advertencias hechas semanas atrás hubiesen sido tomadas con más seriedad, quizás muchos bienes habrían podido salvarse.

Los Mendoza, al igual que la mayoría de ancianos de la comunidad, tienen más de medio siglo de vivir aquí en San Juan La Laguna. Son testigos de aquel momento en 1948 cuando el nivel del Lago de Atitlán bajó considerablemente. Tras este fenómeno, cayeron lluvias torrenciales que terminaron por soterrar San Marcos La Laguna. Según los cálculos de los ancianos, el fenómeno se repetiría entre 50 y 56 años después.

Esta vez habían observado con inquietud que el nivel del lago estaba descendiendo otra vez. Cuando la lluvia se instaló, el domingo 2, predijeron: “Una desgracia grande viene, ¡prepárense!”.Sus advertencias fueron tomadas en cuenta hasta el martes 4 por la tarde. Las clases fueron suspendidas en las escuelas y el cuerpo de bomberos permanecía en alerta.

Al amanecer del miércoles 5, la alcaldía organizó a varios vecinos que con picops y lazos llegaron a evacuar a los habitantes de Xekiakasiwan y la Sanjuanerita.“No quisieron escuchar a tiempo lo que habíamos visto, lo que habíamos oído”, reclamaría días después un grupo de ancianos al alcalde en su despacho.

Una semana después de que los cerros gritaron, como dicen los ancianos, algunos de ellos escucharon un trueno.“Es una señal, si las nubes se ponen rojizas, no lloverá más”, anunciaron.

Al día siguiente, los sanjuaneros observaron con asombro un hermoso atardecer. Las nubes tenían un inusual color tornasol y desde ese día no volvió a llover.

Claudia Palma/elPeriódico

0 Comments:

Post a Comment

<< Home